Primer científico colombiano en ganar Medalla de la Sociedad Alemana de Química

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Foto: Dr Guillermo Restrepo

Por: Sandra Aristizábal

“Ingresé a la UIS en 1993 y casi pierdo mi cupo por bajo rendimiento.  Me fue terriblemente mal en matemáticas.  Curiosamente hoy me gano la vida combinando la química y las matemáticas, entre otras cosas”. Son las palabras del doctor Guillermo Restrepo Rubio quien el próximo 30 de marzo en Dresden, Alemania, será galardonado con uno de los más importantes reconocimientos de la Sociedad Química Alemana (GDCh -por sus siglas en alemán): la medalla Gmelin-Beilstein.

La medalla se instauró en 1954 en memoria de Leopold Gmelin, quien inició la publicación del Manual de Química Inorgánica en 1817, y de Friedrich Beilstein, quien igualmente inició el Manual de Química Orgánica en 1881/82.

Mi canal 4.0 habló con el Dr Restrepo sobre este importante reconocimiento.

Mi canal 4.0: Cuénteme un poco de usted Doctor, ¿Quién es Guillermo Restrepo? ¿de dónde es? ¿que o quienes lo motivaron a ser químico hoy en día? ¿de qué forma se acercó a las ciencias? ¿cómo y cuándo llegó a Alemania?, más exactamente a la universidad de Batreuth.

Guillermo Restrepo: Soy un colombiano, nacido en Bogotá y criado y educado hasta la secundaria en el Huila, algunas veces en Neiva y otras en Campoalegre.  En este municipio terminé mi bachillerato y tuve varios excelentes profesores, incluyendo a Marlon Vladimir Téllez, mi profesor de química.  Él fue quien me motivó a estudiar química.  Sin embargo, siguiendo la tendencia de los jóvenes del momento, no quería estudiar ciencias sino ser médico o ingeniero.  Muchos queríamos ser eso, o lo pensábamos, y otros querían ser abogados.  Sin embargo, mis resultados de las pruebas de estado no eran muy buenos y en ninguna de las varias universidades a las que me presenté para estudiar medicina me recibieron.  Recuerdo que intenté también ingeniería sin éxito.  Entonces no tuve otra opción que estudiar química, que era una carrera con pocos inscritos en donde tenía más opciones de ser aceptado y donde tenía algo de motivación.  Y así fue, ingresé a la UIS en 1993 y casi pierdo mi cupo por bajo rendimiento.  Me fue terriblemente mal en matemáticas.  Curiosamente hoy me gano la vida combinando la química y las matemáticas, entre otras cosas.

Mi canal 4.0: ¿De qué forma se acercó a las ciencias?

G. R: En la UIS, luego de solucionar mis grandes vacíos en matemáticas y de tener un promedio más o menos estable, que me costó cerca de tres semestres de estudio intensivo para lograr un nivel aceptable, pude empezar a verle ciertos detalles a la química y a disfrutar de las matemáticas.  Recuerdo con mucho cariño a la profesora Carmen Luisa Arias de Torres, que me mostró las maravillas de las matemáticas continuas; a Orlando Aya Ramírez, excelente profesor de físico-química, quien me introdujo en la teoría química y fue un modelo a seguir en mis años de la UIS.  Él me mostró las dimensiones artísticas humanas y su complemento con las científicas.  Fue él quien puso a Alemania en mi panorama, él había hecho su doctorado en Karlsruhe y ¡había aprendido alemán por radio!, algo que siempre me ha parecido impresionante.  Con él tuve luego la posibilidad de estudiar la actividad láser de algunas sustancias que habría de sintetizar en otro laboratorio de la UIS en mi maestría.  Vladimir Kouznetsov, uno de mis profesores rusos en la UIS, fue pieza fundamental para mostrarme cómo se hace la química en los laboratorios.  Además me enseñó varias de las metodologías rusas in situ para estimar la actividad biológica de algunas sustancias.  Recuerdo que fue él uno de los profesores que me contó que había cosas por hacer aún en química, especialmente en química orgánica, que era su campo.

En 1998 me gradué de químico con una tesis en síntesis orgánica y con mi primera publicación en una revista especializada.  Mi trabajo de pregrado me enseñó la maravilla de hacer nuevas sustancias, de desvelarme por ver esos nacimientos, pero también me mostró que no era a lo que me quería dedicar el resto de mi vida.  Quería tener más conocimiento teórico de la química, fue en busca de esto que empecé a acercarme a las matemáticas, a la filosofía de la ciencia y a la historia de la ciencia.  En la UIS, por ese entonces, no había profesores de química teórica y mi acercamiento a la teoría fue a través del profesor Aya, con quien aprendí algunos fundamentos de química cuántica y de espectroscopía.  Este acercamiento lo tuve al iniciar mi maestría en química, aún en síntesis orgánica, que luego de varios intentos empecé a combinar con espectroscopía.  Diseñaba sustancias con potencial actividad láser, que medía en el laboratorio de espectroscopía del profesor Aya.

Estaba desarrollando esas investigaciones cuando un profesor muy joven de la UIS, Jairo René Martínez, llegó a la institución con la idea de hacer simulaciones computacionales, basadas en química cuántica, que pudieran dar respuestas a varias preguntas prácticas sobre las sustancias y las reacciones.  Jairo René acababa de llegar de un postdoc en Estados Unidos y fue la primera vez que oí hablar de los postdoctorados.  Fue él quien invitó a Luis Alberto Montero, famoso químico teórico cubano, fuertemente influido por la famosa escuela de química teórica del también famoso Per-Olov Löwdin.  Montero me mostró lo más reciente de la química teórica y me motivó a participar en las escuelas que él organizaba en Cuba.  Con mucho esfuerzo pude viajar a Cuba y participar en la escuela.  Me hospedé en una pequeña habitación de la Habana vieja, que era tan pequeña que el infinito cariño y calor de hogar cubano de Marylin (la dueña de la habitación) no cabía en ella ni en todo el edificio atiborrado de pequeñas habitaciones.  Con muy poco dinero estuve en Cuba y me desplazaba en bicicleta desde la Habana vieja hasta la universidad, donde se desarrollaba la escuela.

Fue en ese evento que mi vida científica cambió totalmente.  Conocí a José Luis Villaveces Cardoso, el padre de la química teórica en Colombia y el gran promotor de la estructura científica de nuestro país.  José Luis también había sido parte de la escuela de química cuántica de Löwdin.  En Cuba José Luis me deslumbró con sus ideas geniales, frescas e innovadoras de la química, siempre teñidas de historia, de humanismo, de filosofía, de sabiduría.  Recuerdo que lo que sentí al conocer a José Luis fue un orgulloso inmenso de saber que él era colombiano, como yo.  Su presencia y conocimiento, su manera de pensar, me hicieron entender que no existen límites geográficos para las ciencias.  Luego José Luis bautizaría esa creencia de que la ciencia se hace en otras partes como el “mito del colombiano”.  Fue José Luis quien me motivó a innovar, a ser crítico, a creer que se puede hacer ciencia con olor a guayaba, como seguramente diría Gabo.  Cuando me acerqué a él, luego de su charla en La Habana, mi vida cambió.  Le dije lo entusiasmado que me había dejado su presentación y que yo quería aprender de él.  Su charla mostraba, para mí por primera vez, que la química tiene un fondo matemático esperando para ser explorado, que el pensamiento químico y los objetos de la química son extremadamente ricos en nociones matemáticas, tan ricos que aún no se ha desarrollado toda la matemática para tratar a la química.  Yo quería hacer parte de esa escuela de pensamiento de José Luis y él me permitió sumergirme en ella.

Al regresar a Colombia empecé a devorar la producción científica de José Luis y empecé a leer sus escritos filosóficos sobre la química, además de sus aproximaciones sociológicas e históricas al desarrollo de la química en Colombia.  Leí uno de sus artículos donde él decía que el sistema periódico era un producto químico rico en matemáticas no comunes para los químicos, donde la noción de cercanía o de pertenencia a un conjunto era crucial, donde en últimas decía que, en el fondo el sistema periódico parecía tener una estructura topológica.  Esto fue algo sencillamente fabuloso para mí y lo tomé como el camino a seguir.  Este es el camino que hoy me ha llevado a la medalla, un camino inspirado por José Luis.

Mis lecturas de José Luis me hicieron tomar una decisión muy importante, cambié mi tema de investigación en la maestría.  Abandoné mi beca, que era para realizar estudios en síntesis orgánica, y empecé a trabajar con José Luis, sin beca y desde la distancia.  La falta de la beca me hizo adquirir mucha experiencia como docente, enseñé química en varias universidades de Bucaramanga, incluida la UIS, para alcanzar a cubrir mis gastos mínimos.  Esos fueron tiempos en los que tuve que empeñar varias veces el televisor, por ejemplo.  José Luis era profesor de la Universidad Nacional de Bogotá y por correo electrónico discutíamos mis avances.  De vez en cuando viajaba a Bogotá y tenía muy productivas jornadas de trabajo con él y con algunos miembros de su equipo, que luego serían mis colaboradores, por ejemplo, Eugenio José Llanos Ballestas.  Empecé a organizar eventos en la UIS para que las ideas de José Luis tuvieran no sólo impacto en mí sino en mis compañeros de la universidad.  Fue así como empecé a organizar eventos científicos, motivado por José Luis. Al cabo de un tiempo, logré que la UIS nombrara a José Luis como profesor ad honorem, lo que le daba el derecho de ser director de mi maestría junto con un profesor de planta.  Este profesor de planta fue el matemático José Bernardo Mayorga Rodríguez, no sólo apasionado por las matemáticas sino por la lengua española.  Celebrando la buena aceptación del evento-curso de química matemática que impartió José Luis en la UIS, junto con Edgar Eduardo Daza Caicedo, uno de sus recién graduados estudiantes doctorales, tomamos la decisión de que el tema de mi maestría sería la búsqueda de la estructura matemática del sistema periódico.  Esta búsqueda me llevó a mi título de magister en química con la máxima distinción (tesis laureada) y a varias publicaciones científicas en química matemática, incluido un capítulo de un libro.

Luego José Luis me apoyó para participar en un evento científico sobre el sistema periódico en Canadá.  Tuve que esforzarme mucho para preparar la charla en inglés, un idioma que hasta ese entonces no había necesitado más que para leer la literatura científica.  Al final fui a Canadá en el 2003 y allá conocí otros investigadores con los que luego he trabajado.  Al regresar de Canadá me vinculé en el 2004 como profesor de química a la Universidad de Pamplona donde seguí investigando en química matemática.  En el 2005 me gané una beca de Colciencias y a finales de ese mismo año viajé a Alemania a la Universidad de Bayreuth a iniciar mi doctorado.  Allá aprendí sobre teoría del orden y la apliqué a las ciencias ambientales y en febrero del 2008 me gradué como Doctor rerum naturalium (el equivalente a un PhD) con la máxima distinción, es decir summa cum laude.  Antes de regresar a Colombia hice dos postdoctorados muy cortos, uno en el departamento de matemáticas de la Universidad de Bayreuth y otro en la Texas A&M University de Galveston en Estados Unidos.  En el 2009 regresé a Colombia y seguí investigando.  Gradué varios estudiantes de química y de maestría en química y la primera estudiante doctoral de esa universidad.  En el 2014 me gané una beca de la prestigiosa Fundación Alexander von Humboldt de Alemania y viajé junto con mi familia a Alemania, Leipzig, donde empecé un proyecto de historia computacional de la química donde combiné y aún combino matemáticas, grandes cantidades de datos químicos, historia, filosofía y sociología de la química.  Este proyecto surgió, sin duda alguna, de la combinación de saberes y experiencias a los que José Luis me expuso y me motivó a seguir fortaleciendo.  En el 2017 renuncié a la Universidad de Pamplona y desde entonces hago parte del Instituto Max Planck de matemáticas en las ciencias de Leipzig.  Además de trabajar en historia computacional de la química, sigo trabajando en química matemática y filosofía de la química.

Mi canal 4.0: ¿Qué significa para un latinoamericano – colombiano ser investigador del Instituto Max Planck de matemáticas en las ciencias?

G. R: Mucho. Como todo Instituto Max Planck, las personas que investigan en él son muy capaces y amplias conocedoras de sus temas de trabajo.  Alguna vez una colega me decía que el Instituto Max Planck es como una iglesia del conocimiento, y estoy de acuerdo.  Pero no soy el único latinoamericano en trabajar en estos institutos.  De hecho, en el que trabajo hay varios latinos y varios colombianos.  Sé de estadísticas que muestran que la afluencia de colombianos a estos institutos ha crecido considerablemente en los últimos años. Me siento muy orgulloso de pertenecer a esta institución, aunque mi posición no sea permanente.  Parte de la clave de este instituto es el impresionante flujo de científicos con el que cuenta cada año.  Por él circulan varias decenas de científicos al año, algunos realizan estadías cortas y otros, como yo, permanecemos algunos años.

Mi canal 4.0: ¿En qué consiste su investigación y por qué trabajar en la búsqueda de la estructura matemática de la tabla periódica?

G. R: Trabajo en varias cosas, en filosofía de la química, en química matemática y en historia de la química.  De cierta manera en todo trabajo que realizamos, en toda investigación, hay algo de esos tres componentes.  El trabajo con el sistema periódico consiste en definirlo, en ver qué es lo que realmente es un sistema periódico.  Recientemente publicamos un artículo con Wilmer Leal, estudiante doctoral de la Universidad de Leipzig, mi primer estudiante químico graduado en Pamplona.  Con él mostramos que todo sistema periódico está hecho de tres cosas, de los objetos del sistema, que en el caso del sistema periódico de los elementos químicos son los elementos.  Además todo sistema tiene sus objetos ordenados y agrupados por semejanza.  Esto, mostramos con Wilmer, corresponde a una estructura que en matemáticas se conoce como un hipergrafo ordenado.  Lo que mostramos en ese artículo es que las bases de esa definición las dio el mismo Mendeléiev en 1869, pero la matemática de su entonces no estaba lista para formalizar la idea.  Nuestro artículo fue publicado en la prestigiosa revista Proceedings of the Royal Society A y fue la portada de la edición en la que se publicó, lo que constituye un gran honor y reconocimiento.  También mostramos en ese documento que el sistema periódico de los elementos no es único y que uno puede desarrollar sistemas periódicos incluso fuera de la química.  Ese artículo ha sido un documento que ha dado pie a varias noticias científicas en el mundo, desde el Reino Unido hasta Corea del Sur, pasando por Italia y otros países.  El artículo, a pesar de haber sido publicado en abril del 2019, ya ha empezado a impactar a la comunidad científica.  Por otra parte, también el año pasado, fui invitado a escribir un ensayo sobre el sistema periódico y a ofrecer mi opinión sobre su historia, su presente y su futuro.  Este artículo también ha sido muy bien recibido por la comunidad científica y apareció en una importante revista de química (Chemistry – A European Journal).  En otros artículos, fruto de mis tiempos de la maestría, mostramos que la idea de José Luis de que el sistema periódico tiene una estructura topológica subyacente es algo que se puede obtener de los datos químicos de los elementos.

Otra investigación que desarrollamos y que tiene que ver mucho con la medalla de la Sociedad Química Alemana es la investigación sobre la historia de la química desde un punto de vista computacional.  Tenemos acceso a una gran proporción de la información de todas las reacciones químicas publicadas por los químicos desde 1771 hasta la fecha.  Son cerca de 50 millones de reacciones con cerca de 25 millones de sustancias.  Hemos desarrollado métodos para estudiar la historia de la química a través de esos datos y hemos encontrado cosas fabulosas.  Como por ejemplo que cerca de cada 16 años los químicos duplican el número de sustancias nuevas que reportan, lo que implica un crecimiento exponencial.  Hemos cuantificado el efecto de las guerras mundiales en la producción química, algo que es novedoso, pues se acostumbra estudiar es el efecto de la química en las guerras mundiales.  Fuimos también a los detalles de cómo los químicos combinan las sustancias en las reacciones químicas y encontramos que muchas de las sustancias químicas reportadas se usan una sola vez en reacciones químicas.  También encontramos que los químicos usan frecuentemente ciertas sustancias para combinarlas con otras y llegar a nuevos productos químicos.  Determinamos cuáles son esas sustancias químicas recurrentes.  Esta publicación apareció en el 2019 en Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, conocida como PNAS. Esta es una de las revistas de mayor circulación en el mundo. Este artículo también ha dado pie a nota de prensa en Estados Unidos, Alemania y Austria.

Por otra parte, nos preguntamos en una publicación reciente, subida al repositorio ChemRxiv, cuáles eran las sustancias químicas que conocían Mendeléiev y Meyer cuando formularon sus sistemas periódicos en 1869.  Acá estudiamos un poco más de 11 mil sustancias conocidas hasta entonces y encontramos que gran parte del conocimiento químico de la época se concentraba en elementos como O, C, H y N.  Encontramos que el sistema periódico de Mendeléiev y Meyer no fue el producto de la genialidad de estos dos científicos, sino un resultado muy probable de la tremenda concentración de sustancias alrededor de O, C, H y N.  Este artículo ha sido muy bien recibido por la comunidad de historiadores de la química.

Mi canal 4.0: ¿cómo contribuye su investigación a la sociedad, al ciudadano del común?

G. R: Nada de lo que hacemos tiene repercusiones directas a corto plazo para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos del común.  Pero, entender la estructura del sistema periódico, ver por qué funcionó para hacer predicciones en la química, para organizar el conocimiento químico, son preguntas fundamentales, que una vez resueltas sirven para llevar la química adelante.  El punto es, si sabemos la estructura del sistema periódico, ¿podemos usar esa estructura para mejorar nuestras predicciones en química?  Si sabemos cómo el avance de la química afecta al sistema periódico, ¿sabremos algo sobre el futuro de la química?  Si encontramos que la noción de sistema periódico no es sólo aplicable a la química, ¿podremos llegar a hacer predicciones en otras ciencias una vez desarrollemos sistemas periódicos propios de esas otras ciencias?  Si desarrollamos un sistema periódico de sociedades basado en indicadores económicos y culturales, ¿eso nos servirá para hacer predicciones sociales?  Es en la búsqueda de estas respuestas que eventualmente puede surgir el beneficio para el ciudadano común.

En el caso del estudio del crecimiento del número de sustancias químicas, ¿servirá esto para hacer predicciones sobre la industria química del futuro?  ¿Contribuirá este conocimiento a reducir nuestras emisiones contaminantes?  ¿Podrá esto servir para diseñar procesos químicos más eficientes y más amigables con el medio ambiente?  Es en estos estudios que el ciudadano del común puede verse beneficiado.

Mi canal 4.0: ¿ Qué significa para usted como investigador colombiano que se le otorgue la medalla Gmelin-Beilstein y además ser el primer investigador [latinoamericano] en ser reconocido con tan importante galardón?

G. R: Significa que una de las sociedades científicas más importantes del mundo premia y reconoce nuestras investigaciones, nuestros métodos, nuestras ideas.  Significa reconocimiento mundial, que hace más visible nuestra investigación.  Significa, lo espero, que muchos estudiantes se motiven a acompañarnos en estas investigaciones, que hagan parte de estas exploraciones.

El hecho de ser el primer latinoamericano en ser galardonado con esta medalla muestra que el mito del colombiano de José Luis es eso, un mito, que somos capaces de hacer ciencia. En últimas, que José Luis tenía razón, que podemos y que en este mundo tan altamente interconectado y relacionado, esas relaciones y conexiones nos permiten hacer trabajos conjuntos muy interesantes.  Que cuando se reúnen conocimientos de diferentes disciplinas, como decimos en Colombia, la sacamos del estadio.  A quien la Sociedad Química Alemana premia no es a Guillermo Restrepo, es al trabajo mancomunado de filósofos, matemáticos, filólogos, químicos, biólogos, físicos, entre otros.

 Mi canal 4.0: ¿Cuál es la importancia de esta medalla?

G. R: Leopold Gmelin fue uno de los primeros químicos en notar el crecimiento rápido del número de nuevas sustancias a principios del siglo XIX.  Además de ser un químico muy influyente, se tomó el gran trabajo de recopilar muy juiciosa y disciplinadamente este conocimiento y de ponerlo de manera accesible a sus colegas químicos.  Esto lo hizo al crear su famoso Manual de Química Inorgánica con el que muchos químicos crecieron, como yo.  La misma tarea la emprendió a finales del mismo siglo Friedrich Konrad Beilstein, otro gran químico, amplio conocedor de la química orgánica de su época y que creó el manual de química orgánica que lleva su nombre y que también fue pieza clave de información para muchas generaciones de químicos, incluida la mía.

La medalla Gmelin-Beilstein premia los esfuerzos legados por Gmelin y Beilstein de recopilar y organizar la información química y va más allá, premia los avances tecnológicos para hacer cada día esas recopilaciones más expeditas y eficientes, además premia las investigaciones que se hagan tomando como base la información química para entender el pasado de esta ciencia, su presente y eventualmente su futuro.

Mi canal 4.0: Aparte de la medalla, también recibirá 7500 euros, ¿los invertirá en investigación? otra investigación o la que está realizando actualmente.

G. R: Aún no lo sé, pero con seguridad la medalla, quizá más que el dinero, hará más visible nuestra investigación y eso facilitará conseguir más recursos para poder tener un mayor número de investigadores alrededor de estos proyectos.

Mi canal 4.0: ¿Qué hace falta para que pueda hacer investigación en el país?

G. R: Gran parte de lo que he hecho lo he hecho desde Colombia, principalmente desde la Universidad de Pamplona, en la que laboré desde el 2004 hasta el 2017.  Sin duda la infraestructura con la que cuento en Alemania, tanto en la Universidad de Leipzig, como en el Instituto Max Planck, serían muy difíciles de conseguir en Colombia, pero no imposibles.  Cuento con recursos computacionales enormes, con acceso a toda la literatura científica del mundo, con colegas dedicados tiempo completo a la investigación (como yo), con seminarios permanentes donde nos encontramos investigadores de todos los rincones del mundo, con la infraestructura administrativa que soporta y permite todo esto, con un gran servicio de biblioteca que me resuelve el más mínimo requerimiento que les haga, por complicado que sea.  Casi todo lo que acabo de mencionar es difícil de tener en Colombia, pero insisto, no imposible.  Quizá lo más complicado de tener en Colombia es el acceso ilimitado a la literatura científica; el poder compartir con colegas dedicados 100% a la investigación y el contar con la infraestructura administrativa que soporte el sistema investigativo.  La literatura científica es muy costosa, los colegas dedicados completamente a la investigación son prácticamente inexistentes en nuestro país.  La figura de científico en Colombia está aún en su infancia, pues antes de ser uno científico debe ser profesor, administrador y muchas otras cosas más y en los ratos libres es cuando se hace ciencia, pero sin las condiciones para desarrollarla.  Estas condiciones se reducen a la infraestructura que le permita al investigador desarrollar sus ideas, pensar sus proyectos, ejecutarlos.

Mi canal 4.0: ¿En que otras investigaciones está trabajando y que viene a futuro para el doctor Guillermo Restrepo?

G. R: Arriba mencioné varias de ellas, pero otras en las que estoy trabajando tienen que ver con modelar la evolución de la innovación en química.  Basados en la gran cantidad de datos que tenemos, ¿podremos saber las condiciones que se requieren para que una reacción sea aceptada por los químicos?  ¿Podremos saber cuál es la clave para el éxito de una nueva sustancia química?  ¿Este éxito está regido por la naturaleza química de las sustancias, o es un fenómeno social de la comunidad química? También estoy trabajando en la exploración de la evolución de la química como disciplina, ¿cómo se relacionan sus diferentes ramas?, ¿cómo de unas surgen otras?, ¿cómo se relacionan ellas a lo largo del tiempo?  ¿Qué es lo que hace a la química una ciencia independiente?  También estoy explorando, desde un punto de vista histórico y filosófico, cómo han evolucionado conceptos claves en química, por ejemplo “sustancia”, “elemento”, “reacción” y cómo ellos han dado lugar a la aparición de nuevos conceptos.

Mi futuro inmediato está además concentrado en encontrar un lugar de trabajo permanente (a término indefinido), que me permita seguir adelantando estas investigaciones y que permita a todos los miembros de mi familia desarrollarse plenamente.

Mi canal 4.0: Explíquenos por favor, ¿qué es la química orgánica e inorgánica y su importancia y en cuál de las dos trabaja?

G. R: Química orgánica e inorgánica son dos términos ideados por Berzelius, quien a principios del siglo XIX trató de organizar las sustancia de acuerdo a la procedencia de donde se extraían.  Lo que se extraía de plantas o animales era orgánico y lo que no, inorgánico.  Esto ha evolucionado y la frontera entre las dos clases de sustancias y de químicas se ha hecho muy difusa, de hecho se habla también de química organometálica, que combina las tradiciones orgánicas e inorgánicas. Sin embargo, muchos afirman que química orgánica es la química de los compuestos del carbono y el resto es la química inorgánica.

En nuestras investigaciones hemos encontrado que la química orgánica siempre ha sido muy importante, mucho más de lo que se pensaba.  De hecho, desde principios del siglo XIX ya era importante y su producción era comparable a la bien establecida química inorgánica.  Alrededor de 1860 la química orgánica definitivamente fue la fuerza productora e innovadora en la química hasta 1980, cuando se dio una fusión de la tradición orgánica e inorgánica en la química organometálica.  La importancia de estos tipos de química se ve en la producción de nuevas sustancias, en su incorporación a la vida diaria, en la mejora de las condiciones de vida (y en algunos casos en el detrimento de estas condiciones).  La esperanza de vida ha aumentado enormemente, en gran medida la química ha sido central para estos logros, esta es una muestra directa de la importancia de esta ciencia para la humanidad.

Yo empecé trabajando en química orgánica en mis tiempos de la UIS, pero luego me he dedicado a estudiar lo que hacen los químicos en general, tanto los orgánicos, como los inorgánicos, los organometálicos, etc.

Mi canal 4.0: ¿Cuáles son los “requisitos” que se deben cumplir para ser galardonado con esta medalla tan importante para un investigador?

Según la página de la Sociedad Química Alemana, esta medalla se entrega a personalidades alemanas y extranjeras que han prestado servicios sobresalientes a la historia de la química, la literatura química o la quimioinformática (uso de recursos informáticos o computacionales para el estudio de la Química).

El procedimiento para la selección del galardonado no lo conozco, pero me imagino que un comité de grandes personalidades de la química mundial evalúa las postulaciones de los diferentes nominados y toma finalmente una decisión.

Algunos de los ganadores de dicha medalla han sido Margot Becke-Goehring (1980), ex-directora del Gmelin Institute of Inorganic Chemistry que tuvo a cargo la edición del famoso manual de química inorgánica Gmelin; Johann Gasteiger (1991), pionero de la quimioinformática y del “machine learning” en química; Peter Gölitz (2000), famoso ex-editor de una de las más prestigiosas revistas científicas químicas: Angewandte Chemie, y fundador de varias otras revistas especializadas; Olga Kennard (2007), fundadora del Cambridge Crystallographic Data Centre, que compila y mantiene una de las más reputadas bases de datos de estructuras moleculares cristalinas y que además desarrolla software para el análisis de la base; y René Deplanque (2018), ex-secretario general de la IUPAC (de las siglas en inglés de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada) quien tuvo a su cargo la digitalización del Chemisches Zentralblatt, la más antigua revista de resúmenes químicos.

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